Ruido
Publicado 10 Abril, 2007

El odioso sonido de un claxon estalló en sus oídos instantes después de que la luz del semáforo se tornase en verde. Como una reacción en cadena, aquella primitiva llamada se fue propagando de un coche a otro cada vez mas rápido, formando la patética parodia de una sinfonía cuyo director de orquesta era una barra de hierro con tres luces de colores.

Pablo parecía disfrutar con la música y decidió esperar un rato antes de arrancar las cuatro latas que su padre se empeñaba en llamar coche. Que todos siguiesen pitando, él no estaba de humor ni tenía la mas mínima intención de contentar hoy a nadie, y pensaba demostrarlo a cada momento.

No podía creer que tras dos revisiones del examen hubiesen vuelto a suspenderle. Tardaría otro año mas en acabar la carrera por culpa de aquellos gordos estúpidos que no hacían mas que deleitarse en sus cómodos sillones como si fuesen arañas en su tela llena de moscas. Que les jodiesen a todos, una y mil veces. Ya estaba harto y lo demostraría. Tarde o temprano todo el mundo recibe lo que se merece…

Mientras Pablo maquinaba jugando en sus pensamientos a ser Dios, un “Hijo de puta” se filtró entre la orquesta de pitidos que seguían provocándose tras él. Volviendo lentamente a la realidad, dibujó su sonrisa mas cínica mientras giraba la cabeza para ver quién le había regalado aquel piropo. En el mismo instante en que localizó un par de coches detrás de él a su reciente admirador, pisó el acelerador tan fuerte como pudo y soltó el embrague a la vez que lanzaba un beso a la fila de coches que todavía seguían pitando.

Todo el ruido del mundo se congeló tras el golpe seco. Y mientras Pablo giraba la cabeza para mirar al frente y su conciencia y la sangre del capó le iban susurrando lo que había ocurrido, en lo único que pensaba era en cuánto tiempo tardaría el mundo en explotar de nuevo en millones de sonidos.

Gatopardo.-

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Dos coches más atras
Publicado 14 Abril, 2007

Cuando me levante esta mañana no tenía previsto estar en mi coche más de 15 minutos, del trabajo a casa y de casa al trabajo, pero por culpa de gilipollas como el del coche de delante, seguramente el día ya no sea todo lo cómodo que había previsto.

- ¡ Vamos bastardo !, ¡ no tengo todo el día!.

Parece que lo hace a conciencia, llevamos parados más de la mitad del tiempo que dura el semaforo en verde, algunos peatones incluso cruzan viendo que no nos movemos. Cuando me levante esta mañana prometía ser un día más cercano al fin de mi sustitución en ese misero hospital dejado de la mano de Dios, la verdad no se porque tuve que elegir una profesión que aporta tan poco en lo bueno, tanto emocional como financiero y tanto en lo malo, sobretodo en lo emocional, que muera en tus manos una persona, no es algo que debería pasar todos los días, pero pasa.

- ¿Que cojones hace ese tio?, ¡ ese coche tendría que estar en un museo!.

No sé porque le grito, ese tio parece que no escucha, porque si yo lo estoy poniendo bien, el del Audi que esta justo detras se esta luciendo. Parece que arranca, ¿nos ha mandado un beso?, no puede ser, ¿qué hace ese maldito hijo de puta?…

Cuando vi el cuerpo del niño salir despedido por encima del capo, mis ojos se rompieron, fijaron tanto la vista en esa catarata de sangre, sangre roja tan viva, tan llamativa y tan escandalosamente impactante, que se rompieron, se partieron como una barra de pan, como seguramente ese chiquillo se haya partido la crisma sobre el capo del coche de ese maldito bastardo.

El chico no se movia, lo cual no era buena señal. Bajé lo más rápido posible del coche, avance los metros que me separaban del paso de peatones como si de una carrera por mi vida se tratase, el chico estaba tendido bocaabajo, parecía como si no quisiera saludar a lo que seguramente sería su próximo destino, estaba de espaldas, rodeado de un hilo de sangre, temia moverlo, pero si esperaba a que llegase una ambulancia tal vez ese pobre niño, no llegase a mañana, asi que como me enseñaron en las clases, tome a la víctima y le di la vuelta.

misifu.

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Fuerzas
Publicado 21 Abril, 2007

Un ligero rayo de sol se cuela por la destartalada persiana de la habitación, y se para junto a mi cara, que ya hace un rato que se toma esos cinco minutos de fuerza para levantarse de la cama.Miro el reloj de la mesita y ya son las 8, habre de levantar al niño, o no llegaremos a tiempo a la escuela, y aún su madre me acabara riñendo.

-Jorge cariño, ves abriendo los ojitos que es hora de levantarse

-no yaya,….tengo sueño

-Va… que tienes colacao para desayunar.

Solo así, consigo que abra un ojo y el otro se lo frote para acabar de despertarlo.Media hora después, he conseguido vestirlo y es que si ya el niño es movido, con el mal tiempo de estos días, esta peor. -Acábate la leche

-Quiero más azúcar, sino esta mala.

-Pero si tiene chocolate! Va, bébetela rápido mientras te acabo de peinar.

Me cuesta caminar, la humedad me endurece las rodillas y apenas puedo levantar las alpargatas del suelo.Buscando el interruptor de la luz del baño, asoma mi reloj de muñeca por la manga del jersey y veo la hora de refilón: -Ai dios! Si son menos 10. Jorge!! La chaqueta, que nos vamos!

Cuando llegamos por fin a la calle, el mismo problema de siempre:

-Dame la mano-Yo sólo, que ya soy grande

-No, cuando crucemos me la das, después de ese semáforo tu solito, vale?

Pero mis palabras caen en un saco roto, cuando con mis desgastados ojos veo el cuerpo del niño correr hacía el otro lado de la calle, siguiendo otro niño, probablemente algún amiguito suyo. El corazón se me acelera y las piernas lo intentan, pero no pueden moverse todo lo rápido que quieren y no consigo acercarme a él. Los nervios me explotan en la cara cuando veo el cuerpo de jorge volar sobre el coche que acaba de arrancar…

Chihiro

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Miradas que se apagan
Publicado 24 Abril, 2007

Vender sellos no es una tarea agradable. Tampoco es que sea como picar piedra en una mina o como recoger la basura a las 2 de la mañana, pero no es agradable. No tiene nada de romántico (como ser reportero de guerra), ni de excitante (como ser piloto de carreras) o de prestigio (como ser cirujano pediátrico). Tampoco supone un reto a la inteligencia: básicamente, hay que conocer las tarifas según el peso y el destino, y saber pedírselas al ordenador (y si no te acuerdas, siempre puedes revisar la pequeña guía recordatoria plastificada que se oculta en el segundo cajón de la mesa). Mejor no hablar de los salarios ni de las oportunidades de promoción. El uniforme… No está claro que se pueda llamar uniforme a una bata que algún día fue amarilla y que luce con vergüenza un logotipo que hace ya tiempo que quedó anticuado. Definitivamente, vender sellos en Correos no es un trabajo agradable, aunque siempre es peor picar piedra o recoger basura a las 2 de la mañana.

Encima, la gente odia venir a Correos. Odia las filas que se forman en Correos. Odia que se les pierdan los paquetes de camino a sus familiares, amigos o empresas. Todos los clientes son distintos. Unos son altos, con trajes de ejecutivo en la cumbre, sonrisa forzada y una eterna mirada anclada al reloj. Otros son jóvenes y mueven sus cabezas al ritmo de la música, siempre demasiado alta, que resuena en sus auriculares. Otros son educadamente antipáticos, con miradas altaneras desde unas gafas de pasta firmadas por alguna marca italiana. Pero siempre hay algo en lo que todos coinciden: en esa desconfianza que se asoma a sus ojos cada vez que empujan la puerta de cristal de la oficina. Como si fueran perros que se adentran en territorio desconocido, levantan la cabeza, olisquean, miran alrededor y luego, invariablemente, encogen los hombros y se ponen a esperar la fila. Y en sus ojos brilla una mezcla de suspicacia y resignación.

La señora que en este momento me extiende un billete de cinco euros también tiene esa mirada. Es joven, más cercana a los treinta que a los cuarenta. Lleva el pelo negro recogido y viste sobriamente, con una chaqueta marrón que hace juego con su bolso. Se ha movido con cierto nerviosismo cuando se ha acercado al mostrador.

- Un paquete a Alicante, ha dicho escuetamente, con una voz áspera y cansada.

- Dos euros con veinte, por favor; he contestado mecánicamente.

Luego me ha extendido el billete de cinco euros, que temblaba levemente entre unos dedos finos y gastados.

Suena su teléfono móvil. Con agitación, su mano rebusca en su bolso marrón hasta encontrar el aparato. Con la misma impaciencia se lo coloca en la oreja. De pronto, la desconfianza y la resignación se evaporan de sus ojos, que se apagan y se abren enormes bajo unas cejas desfiguradas en un gesto de espanto. Un grito quebrado surge de su garganta:

- ¡Mi hijo!

gatociclopeico

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Identidad
Publicado 2 Mayo, 2007

Por fin llego al mostrador. Es antiguo y de mármol muy frio, pero no tanto como la mirada que hay detrás de las gafas que me atienden. Pido lo que he venido a buscar y me lo llevo tras enseñar el recibo y mi identificación falsa.

Subo en el coche y me alejo lo mas rápido posible, como si realmente alguien fuese a venir detrás de mi. Quizás lo esté deseando. Llego al garaje, aparco el coche y subo a casa. Tras sentarme en el sofá miro el paquete que acabo de recoger.

Francisco Fernández. Avenida del esquife nº3, 4ºC, Alicante.

Por supuesto no lleva remite. Me quedo un rato pensando en lo ridículo de haber elegido a posta un nombre tan común, me rio y abro el paquete. Entre otras cosas hay un papel con tres números de teléfono, uno de ellos fijo. Odio a la gente que todavía da el número fijo. También hay otra nota:

- Me temo que mi ex-marido después de tanto tiempo se ha enterado de algo, tengo que irme con el niño de la casa de mi madre cuanto antes. Seguramente en un par de días ya no estaré. Te mando a ti las fotos por si intenta hacer alguna tontería. Llámame.

Raquel.

Leo varias veces la nota, maldigo en el nombre de todos los santos y putas que conozco y cojo la nota con los teléfonos. El primero lo conozco bien y es el primero que llamo, únicamente para escuchar una grabación diciéndome que llamo a un móvil apagado o fuera de cobertura. El otro móvil se de quién es y no le veo la importancia ahora mismo, así que llamo al fijo varias veces hasta que me contesta la voz quebrada de una anciana y me dice que Raquel está en el hospital y que Jorge ha sido atropellado y que lleva 3 dias en coma. Cuelgo.

Maldigo mas fuerte que antes y cojo de nuevo la identificación falsa y la cartera. Esta vez antes de coger las llaves del coche recojo también mi placa mientras no paro de pensar en la relación que puede tener esto con el atropello del niño.

Gatopardo.-

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Coma
Publicado 5 Mayo, 2007

Corro, sin mirar atras, algo ó alguien me sigue, no, me persigue, corro y corro, pero no consigo alejarme más de tres metros, giro en cada esquina, paso por donde creo que no podrá pasar, pero me equivoco, cuando pongo un poco de distancia entre nosotros giro mi cabeza para intentar ver quien o que me sigue, parece mi sombra, pero no consigo ver quien es, parece que encontré mi salvación, seguro que aqui no me buscará, solo tengo que correr un poco más que él, aunque tiene las piernas más largas y es mayor que yo, seguro que podre engañarle, no sé como pero tengo que hacerlo. Mi abuela tenía razón, no debí soltarle la mano, aún no soy tan mayor, después de soltarle la mano escuche un ruido y a un hombre insultando a otro, desde entonces me esta siguiendo esa cosa, no vale de nada arrepentirse ahora, pero ojala pudiera estar con la abuela, o con mamá.

Me empiezo a cansar, no le veo, menos mal, no puedo correr más, pero no me puedo quedar aqui, que raro, ahora que me fijo, no hay nadie por las calles, y ninguna tienda tiene nombre, por más que me esfuerzo, no consigo ver más lejos de esta calle, después solo se ve niebla y por más que corro, no llego a ningun sitio, aunque ahora no es momento de pensar, es momento de esconderse, si no me cogerá y quien sabe, seguro que no me lleva con mamá, ni con la abuela, seguro que me quiere hacer daño como cuando era pequeño, cuando papá vivía con nosotros. Una vez me habló del miedo, papá me dijo que el miedo era el camino de la derrota, que siempre que tuviese miedo acabaría perdiendo, que todo se puede superar, pero se fue, papá se fue y el miedo se fue haciendo grande,yo tenía miedo por no verle y se notaba que tenía miedo, no me quería ni ver, ahora lo veo más, pero a mamá no le parece buena idea, dice que papá no sabe como tratarme, que esta loco, dice que hago cosas que nunca había visto antes, a veces creo que por eso se pelearon, por mi, por que no era bueno.

Aqui no me encontrará, jamás mirará aqui, esta muy oscuro, es como un pozo, pero en pequeño, si me quedo aqui un buen rato no me encontrará, no, no me encontrará. La abuela me estará buscando también, espero que no se haya enfadado, ella si que me quiere, me da chucherias y me pone de merendar todos los días, deja que me vaya a jugar cuando mamá no esta, la abuela es la mejor, mamá a veces se enfada, pero se le pasa rápido.

Uffffffffff!!!!, me duele la garganta, me raspa muchisimo, es como si tuviese un estropajo en la garganta, la nariz me molesta, esto esta tan oscuro, el brazo me quema, la muñeca, no la puedo mover, tengo que salir de aqui, ahi veo una salida. ¡Es él, tengo que salir de aqui !, pero no puedo salir de esta especie de pozo, me cuesta respirar, la garganta me arde, el brazo, no lo puedo mover, esta llegando, dice mi nombre, la voz, esa voz me suena mucho, esta ya aqui.

- ¡ Mamá, Mamá !, !Abuela, Abuela!, ¡ Ayuda, Mamá!.

Por más que grito no me escuchan, y cada vez esta más cerca, no lo quiero ver, tengo miedo, cerraré los ojos y cuando los abrá no estaré aqui, cerraré los ojos y cuando los abrá no estaré aqui.

- ¡Jorge!, ¿hijo estas ahi?, Jorge por Dios.

- ¿Dónde estoy?, ¿qué es esto?, ¿mamá?,¿abuela?, ¿por qué lloraís?.

misifu.

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Mamá
Publicado 10 Mayo, 2007

- Vamos, vamos, vamos… ¡Coge el teléfono!

Pero los tonos transcurren uno tras otro, monocordes, hasta morir en cuatro tonos más agudos. Dos, tres, cuatro veces. Hasta que, hastiada, lanza el teléfono sobre el asiento del copiloto y se concentra en el tráfico que rodea su coche como si nadara inmerso en un banco de peces multicolores. “¿Donde coño te has metido?” piensa, mientras aprieta el acelerador y gira a la izquierda. El chirriar de los neumáticos se pierde en el ajetreado sonido de la ciudad.

Mira por el retrovisor. No lo ha perdido. El voluminoso Toyota que le sigue desde hace algunos minutos ha girado también y se mantiene detrás de ella, separado por algunos coches. No es un Toyota cualquiera, es su Toyota: abolladuras en la chapa negra que hizo por culpa de su incapacidad para aparcar bien; el cuero negro impregnado de olor a tabaco, aunque ella no fuma; la silla de bebé en el asiento trasero, aunque no sabe si todavía estará ahí. Su Toyota acelera detrás de ella y adelanta a uno de los coches que hace de barrera, débil e inestable barrera. Ella hace lo mismo. Sin mirar el retrovisor, pisa el acelerador, pone el intermitente y adelanta sin piedad a un Renault rojo. Ahora, ambos vehículos están en el mismo carril, apenas separados por unos metros de un asfalto que parece arder bajo el sol del mediodía y las ruedas apresuradas. Por su derecha, los coches parecen efímeras manchas de colores, que hacen ¡zas!, y desaparecen.

70.

80.

90, marca el contador de velocidad. Y la aguja vibra mientras sigue ascendiendo.

Ella coge el teléfono de nuevo. Un tono, dos tonos, tres tonos, cuatro tonos, cinco tonos… Pi, Pi, Pi, Pi. Maldice de nuevo y deja el aparato sobre su regazo. Mira el retrovisor. El Toyota parece enorme en el espejo. Mira alrededor, buscando un coche de policía entre el tráfico. Por una vez, se alegraría al escuchar el aullido de la sirena. Coge de nuevo el teléfono mientras intenta no invadir el carril contiguo. Marca. Nadie responde. “¡Joder!”, piensa tan fuerte que no sabría decir si en realidad lo ha gritado.

Lo vuelve a intentar.

Un tono… Dos tonos…

Frena.

Mira al retrovisor. El Toyota, enorme en el espejo.

Cuatro tonos…

- ¿Raquel?

- Paco…

Su coche se detiene. Su Toyota también, a su lado. Un silenciador a través del cristal. La pistola, sombra entre sombras. Él todavía lleva el anillo. La silla de bebé ya no está.

- Paco… Cuida del niño.

El disparo apenas se escucha. El cristal roto, tampoco. El semáforo cambia a verde.

gatociclopeico

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Contacto
Publicado 10 Junio, 2007

No vayas

¿Porque?

Porque no tienes ninguna necesidad

¿Pero tu ahora que dices?

No digo, te obligo a que no vayas

Vamos a ver, esto ya me parece pasarse

¿Pasarse? El muy sucio te dijo directamente y sin pestañear que no quería saber nada de ti, que te fueras por donde habías venido, me puedes decir, ¿que te empuja a ir esta tarde allí?

Pues porque esta pasando un mal momento.

! Se acaba de morir la mujer por la que te dejo!

Es que me superas

No se porque te lo tomas a pecho, al fin y al cabo es mi vida no la tuya.

Eso es muy egoísta por tu parte. Me llamas para quedar, me sueltas lo que vas a hacer, esperando a que reaccione, lo hago de la manera contraria a la que tu esperabas y zas!! Frasecita de manual “es mi vida” ñe ñe ñe ñe “soy adulta” ñe ñe ñe Y cuando sean las 10 y vuelvas a casa, y él haya pasado de ti completamente y te sientas tas estupidamente hundida como para llorar 3 días seguidos, me llamaras, porque entonces si me ha importara lo que te pasa no?

Estas siendo muy dura.

No, me estoy yendo para mi casa – Dijo sacando una moneda y dejándola con indiferencia en la mesa- y mira – sosteniendo el móvil justo delante de ella- esta apagado, así que no pienso ayudarte esta vez.

Se aparto de la mesa, cogió su chaqueta del respaldo de la silla, y ando con paso firme hasta la puerta. Una vez en la calle, saco un cigarrillo de su bolso, y junto a una tienda de móviles, saco el mechero del fondo del bolso y lo encendió. Su mirada distraída, acabo sobre el aparador de la misma, que reflejaba la parada de bus de la otra acera, así que giro cabeza y pies, y se sentó en el banco a esperar el número 56. Mientras seguía fumando, volvió a sacar el móvil del bolso y lo encendió. Espero un tiempo hasta que la tarjeta se activara. El móvil empezó a sonar una y otra vez con mensajes y llamadas perdidas. Tranquila y sin prisa, se recreo dentro de ese momento de allanamiento virtual, que tan poco frecuente sucedía y que tanto le gustaba disfrutar. De entre mensajes de publicidad y algún que otro folla-amigo esperando quedar esa noche, despertó su curiosidad 2 llamadas perdidas desde un fijo de la provincia, sin mensajes de voz en el buzón. Al instante y casi ignorando que en su otra mano aun sostenía el cigarro, marco el botón de rellamada resonando más fuerte sus nerviosos latidos que los pitidos de la línea telefónica.

Hospital Sagrado Corazón, buenos días

Buenos días, tengo varias llamadas desde este numero… y…

Si, dígame el número desde donde llama o al que ha recibido las llamadas

Es mi teléfono móvil, el 678893622

Un segundo

Es usted Lucía Elías

Si

Bien Srta. Lucía, le hemos llamado porque es usted la persona que figura como familiar en el teléfono de contacto que nos facilito en su día la señora la Raquel Elías

…..

Chihiro

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Histeria
Publicado 4 Julio, 2007

No sé qué tienen de importancia estas fotos, no sé por qué Raquel insistió tanto en hacerlas, no tienen ninguna importancia, al menos no se la veo, son fotos normales, sale gente normal, esta Jorge, su madre, en algunas sale su ex, en otras no se ve nada de nada, se nota que nunca ha ido a clases de fotografía, otras son de paisajes, otras de nubes, la verdad es que el carrete le dura bastante tiempo, al menos un año y medio, en esta Jorge aún no tiene esa cicatriz, pero no dejan de ser normales, fotos sin historia sin transcendencia, porqué serán tan importantes, qué tendrán.

Raquel siempre está un poco histérica, aún recuerdo cuando la conocí, un poco más y acabamos en comisaría, no sé como a una mujer como ella le dan el carnet, esta loca conduce a una velocidad que no es normal, no conduce mal, pero va rapidísimo se mueve con una facilidad entre los coches que no es normal, a Jorge le divierte, él se lo pasa bien, el pobre, es un chico muy reservado, es un niño raro, siempre está en su mundo, excepto cuando se pone delante de su ordenador, pueden pasar horas que el chico no pierde el hilo, menos mal que el muy jodío me echó una mano con lo de los papeles, la verdad es que el pobre no ha tenido suerte, el bastardo del padre, si lo tuviese delante le metería una bala en la cabeza, espero que ese maldito crío se recupere pronto; menos mal que las cosas han cambiado, si alguien me hubiese dicho que acabaría formando parte de mi vida, seguramente le hubiese mandado a tomar por culo, tal vez él vea algo en las fotografías, tal vez él sepa algo.

El móvil no deja de sonar, lleva un rato que llama y si aun fuese un sonido agradable, el maldito móvil tiene más años, todos los tonos son iguales, ya me puede llamar el Papa que suena siempre igual, piripiririrpiriripiiiiiiiii. No estoy para cogerlo, de nuevo vuelve a taladrarme lo oídos, si vuelve a sonar lo cogeré como tampoco sé quien me llama, tiene una tarjeta nueva, no tiene agenda, me viene mejor para el trabajo, no me conviene mezclar una vida con la otra, este móvil me da más libertad, desde él hago y deshago sin que nadie me controle.

Esta vez lo voy a coger, dejaré las fotos un rato. El primer tono me levanto, me acerco a la mesita donde esta el teléfono, segundo tono, veo el número desde el que llaman sobre la pantalla verde, me suena, me suena mucho y no suelo recordar los números, no me sé ni el mío, tercer tono, tengo la mente en blanco, quién puede ser, este número sólo lo tienen aquellos tipos de la aduana, aquel tipo de la compañía, cuarto tono, y…..

- ¿Raquel?

- Paco…

Se la escucha agitada, la respiración se entrecorta, está acelerada y le tiembla la voz, se escucha un frenazo, después otro, creo que llora, le habrá pasado algo al niño, se escucha un ruido, pero ella no dice nada, como un metal golpeando sobre cristal, como un anillo en una copa de champán, Raquel dime algo….

- Paco… Cuida del niño.

Después el silencio más absoluto, solo se rompe al escuchar mi propio alarido histérico.

- ¡ RAQUEL !!!!.

Pero Raquel no responde, solo se escucha el claxon de los coches en la distancia, suenan de manera indiscriminada, sin partitura, una orquesta improvisada que solo aumenta mi preocupación, se oye algo, es un coche arrancando bruscamente, casi puedo oler la goma de los neumáticos, al quemar rueda. Mi preocupación no hace más que ir en aumento y el silencio no es la mejor de las respuestas, de nuevo pregunto, con el miedo a obtener la misma respuesta.

- ¡ Raquel !.

Mi voz como un hilo, parece quemarse en la línea de teléfono, no obtengo respuesta y es lo único que me hace pensar que seguramente no la haya, pregunto una y otra vez, pero Raquel no responde.

misifu.

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Lucía
Publicado 10 Julio, 2007

Llovía. Era una lluvia gris. Todo le parecía gris, en realidad. Las nubes, cuyos pesados vientres se deshilachaban al rozar las ramas de los cipreses. Los cipreses, de troncos como viejos cirios hundidos en la tierra. La tierra, un campo de lápidas sobre cenizas húmedas. Las lápidas y los rostros solemnes de los ángeles de piedra. Y el abrigo de Lucía, el abrigo de Lucía también era gris. Estaba junto a su madre y su sobrino. El niño inmóvil, la mujer temblorosa. Alrededor, figuras grises con la cabeza inclinada, envueltas por las palabras graves del sacerdote que él apenas intuía y el repiqueteo de la lluvia gris. Supo que era Lucía porque tenía la misma figura frágil que Raquel, y el mismo moño de pelo castaño bien recogido sobre la nuca.

El pelo de Raquel, en cambio, era, había sido negro, con alguna cana que ella no se molestaba en ocultar. Desde que la conocía, nunca había visto a Raquel maquillada, tampoco llevar pendientes. Si acaso, un anillo de compromiso adornado con un pequeño diamante en la mano derecha que había desaparecido del dedo no hacía mucho, y el pelo siempre, siempre, bien recogido sobre la nuca. No había, no hubo artificialidad en ella, tampoco imaginación. A simple vista era una mujer de aspecto áspero y fatigado, pero eso era sólo porque poca gente se molestaba en acercarse más. Él no se había acercado, prácticamente había chocado con ella, y en seguida adivinó que en su rostro apagado había algo más que sombras. Aprendió a hacerla reír, y le gustaba su risa, tímida y desconfiada al principio, inesperadamente joven cuando ya habían caído las últimas barreras que le impedían reír las bromas de alguien de quien apenas conocía el nombre. Francisco Fernández: un nombre idiota, un nombre falso, aunque eso ella nunca lo supo. Paco, le llamaba, y en sus labios sonaba como si desde siempre ese hubiera sido su nombre, como si no hubiera otro. ¡Paco!, había gritado ella, y esa vez sonó distinto a través de un teléfono que no ocultaba la distancia que los separaba.

La última noche la habían pasado juntos, en un hotel, como siempre. Habían hecho el amor, él sabiendo que eso era todo lo que nunca obtendría de ella, lo único que ella podía ofrecerle. Y como cada vez que se acostaban, al acabar, ella se apartó de él, casi bruscamente, se tumbó sobre el costado, y, tras algunos minutos de respiraciones entrecortadas, comenzó a hablar de su ex marido. Él escuchaba porque era todo lo que ella pedía de él. Así era el pacto que se había establecido entre ellos. Esa noche fue cuando le dijo lo de las fotografías. “Ahí está todo lo que necesito para que encierren a mi ex”, había dicho eufórica.

Luego, llegó el día y él se fue. No le había dicho por qué, trabajo, me llevará unos días, te llamaré cuando pueda, te daré mi dirección y me envías las fotos… No podía decirle por qué, igual que no podía decirle su verdadero nombre. Había tantas cosas que no pudo decirle… Ahora las fotos estaban en el bolsillo de su chaqueta, y Raquel dentro de un ataúd que él no podía ver porque lo ocultaban las figuras grises y húmedas de los asistentes al funeral.

Lucía, de espaldas y bajo aquella lluvia, era Raquel pero con el pelo castaño. Sostenía firmemente un paraguas y estaba completamente inmóvil: no había el ligero temblor de quien llora, tampoco el leve movimiento de cabeza de quien niega una muerte trágica, ni siquiera el ascender y descender del pañuelo, del bolsillo a la mejilla y de la mejilla al bolsillo. Estaba quieta, sólida, como si fuera la clave de un arco hecho de personas tristes que caerían si ella se derrumbaba.

El monótono susurro del sacerdote dio pasó al roce siniestro de las cuerdas que se deslizaban lentamente al interior de la tumba hasta que finalmente el féretro quedó en el fondo y comenzó el zas zas metálico de las palas. Minutos después, llegaron los pésames, las lágrimas y poco a poco los asistentes se fueron dispersando. Él aguardó a que Lucía quedara sola, apartada de su madre y su sobrino. Con paso calculadamente pausado se acerco a ella.

- ¿Lucía? Usted no me conoce, pero yo conocí a su hermana.- Se llevó la mano al bolsillo y sacó el sobre con las fotografías.- Necesito mostrarle algo, es muy importante.

Él esperó alguna reacción, pero no la hubo, ni la más leve. Se dio cuenta de que en realidad esperaba que actuara como hubiera actuado una Raquel de pelo castaño: con nervios, con impaciencia. Pero Lucía se limitó a afirmar con la cabeza.

- Necesito un café. – dijo. Y entonces él se convenció de que Lucía y Raquel sólo se parecían en el moño perfectamente recogido sobre la nuca.

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Proyecto
Publicado 28 Julio, 2007

- Tampoco estaban en su piso.

Tras escucharme decir esas palabras, él pareció asentir para sí mismo. O tal vez no, ya me encontraba demasiado nervioso como para fijarme bien. Se levantó muy lentamente sin dejar de mirarme a los ojos, haciéndome pensar en un enorme oso blanco enfundado en un traje de Armani. Éste dejó su vaso de whisky cerca del que un momento antes me había servido a mí y apoyó ambos puños encima del escritorio de roble.

- Cada dia que pasa estamos mas decepcionados contigo.

Una corriente de hielo corrió por mis venas mientras él continuaba hablando.

- Te preparamos la coartada para el “incidente” con tu mujer, te apoyamos, invertimos en tí… Pero tu te empeñas en seguir hundiéndote, y ahora no eres capaz de encontrar unas simples fotos. – Hizo una pausa para beber del vaso que había dejado en el escritorio y se quedó mirando un momento el tintineo de los hielos antes de continuar.

- Sabes que el mas perjudicado por esas fotos eres tú mismo, pero hay socios que aun así están muy descontentos… Alguien podría relacionar. Relacionar ese viaje tuyo y personas con las que sales, con negocios que nunca existieron en ningún contrato. Si eso te perjudica a tí, este proyecto podría resentirse. Entiendes, ¿verdad?.

- Por supuesto. – Claro que lo entendía. Lo entendí desde el momento en que por casualidad y donde menos lo esperaba, ví una foto de ese viaje al que llevé a Raquel. Pensé que las borró todas como le dije en su momento. Luego, una vez vista una foto todo fue relacionar. Puta estúpida.

La rabia me subió hasta la boca disparando la lengua. – Olvidas lo que también he hecho yo por todo esto. Soy tan parte del negocio como el resto, no podeis… – Un odioso sonido de chasquear la lengua varias veces me hizo despertar de lo que estaba diciendo.

- Es cierto que has hecho cosas por este “proyecto”. Pero olvidas una cosa muy importante. Dependes de nosotros. Del dinero. Por tu cuenta sólo eres una mosca que trabaja bien… y de esas hay cientos. Tú decides. O encuentras las fotos antes del viernes, o estás solo. Y entonces tu menor preocupación serán las fotos, te lo aseguro.

Vacié mi vaso de un trago y me levanté lo mas estóicamente que pude. No mostraría mi preocupación delante de él. Saldría tranquilamente como si nada de lo que me ha dicho me hubiese afectado y seguiría pensando en dónde estarían las fotos. Ya estaba casi en la puerta.

- Por cierto.

No quise girarme. Por un momento pensé que me diría con una pistola en la mano que se había arrepentido de darme esa última oportunidad.

- Tu mujer llevaba varios meses viéndose con un policía.

Gatopardo.-

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Café
Publicado 9 Agosto, 2007

Son las 11, y aunque tengo la mesa llena de asuntos menores que con un par de llamadas y una firma estarían solucionados, prefiero tomarme un café y fumarme un cigarro y alargar esos asuntos hasta la hora de comer.En el cine te muestran esta profesión como arriesgada, peligrosa,… sólo apta para gente fuerte y emprendedora. Mentira. Todo mentira. Desde la caja de donuts hasta la compañera de patrulla sexy con la que al final de la temporada acabas teniendo un lío. Mi compañero se llama Alfonso y lleva bigote. Así que de líos al final de la temporada, ninguno.

A diario tratamos con gente alterada, ya sea porque le han robado el monedero en el mercado, como que ha perdido a su hijo en el metro. Por eso el encontrar familiar la cara de la mujer que acaba de entrar, no me llama la atención, únicamente lo hace su físico, delicado y fuerte a la vez. Con la mirada firme y el gesto seguro.

Saco el cigarro de su caja de cartón, y me muevo hasta fuera de la comisaría. Doy un par de pasos, y me meto dentro de la cafetería más cercana y probablemente más segura de este barrio. Me siento en la barra, y el camarero nuevo, me pregunta por primera vez que voy a beber. A mi lado, una mujer vestida con un color oscuro, toma tranquilamente un café que aun humea. Con una voz suave me pide fuego.

- Gracias, Andrés.

Al oír mi nombre, giro instintivamente la cabeza otra vez hacia ella. La miro sin disimulo y forzando el entrecejo, un gesto que muestra el esfuerzo que esta realizando mi memoria para recodar, así en un momento, el nombre de ella.

- ¿Cuanto hace que no te veo?

- El suficiente tiempo como para no recordar tu nombre.

- Con la de veces que lo has repetido

Eso me abrió la memoria hacia otros recuerdos que no había revisado.

- Pero tú juegas con ventaja, no te pareces en nada a la última vez.

- Tú tampoco, antes tenías menos aspecto de policía.

- Las experiencias te cambian, y por lo que veo a ti no te ha ido nada mal.

Su sonrisa picarona, hizo que mi bigote también se arqueara, y no sería sincero si no dijera que algo más en mi, también se alegro mucho de verla.

- Me debes una.

- Lo recuerdo, así que a este café invito yo.

- Me debes más que eso.

- Ya no hago ese tipo de favores.

- A mi si. Prometiste devolvérmelo, y sólo puedo confiar en ti para que esto salga bien.

- Tienes hasta que me acabe el café. Que eso pasará dentro de 5 minutos.

- Quiero que protejas a quien más quiero.

- ¿Cómo se llamaba?…. ¿Alberto?

- Jorge. Mi hijo.

Chihiro

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Miradas
Publicado 9 Septiembre, 2007

Joder, Andrés.… Has creído a mi mujer…

Ojos negros que acusan.

Eres un cabrón, ¿lo sabes?

Ojos negros que preguntan.

¿Hace cuánto tiempo que nos conocemos…? Y ahora me obligas a hacer esto…

Ojos negros que imploran.

¡Qué cabrón…! Y yo que te pensaba de mi lado… Esa zorra…

Ojos ya nunca más negros.

gatociclopeico

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Asfixia
Publicado 3 Octubre, 2007

Al ver el revuelo que se había montado me mantuve alejada, en ningún momento me dio por pensar que lo mejor que pude haber hecho era salir de allí, mi espíritu cotilla me hizo quedarme más tiempo del que debía, como si fuese un imán pegado a la nevera, los agentes insistían en que circuláramos, pero ante tal despliegue mediático no queríamos o no podíamos irnos, si bien algunos queríamos ver nuestra necesidad de curiosidad saciada, otros simplemente no podían avanzar por estar envueltos en una maraña de personas y coches, en una calle estrecha, una ambulancia y una nube de periodistas parecen el mejor de los tapones.

Poco a poco conseguí acercarme, bien por mi aspecto, bien por mi habilidad me deslicé entre periodistas y curiosos, llegando al borde del cordón policial, esa banda amarilla digna de cualquier película de asesinatos, era menos escandalosa, una simple línea blanca más parecida a la cinta de embalar que a una banda de seguridad y las palabras que se podían leer en la de las películas, ese típico departamento de policía de la ciudad de tal, se habían convertido en un simple no pasar, como si un trozo de plástico tuviese la capacidad de parar al más simple de los seres vivos.

Escuche a uno de los policías decir:

- La cartera estaba allí, todo el dinero estaba en la billetera, sin embargo las fotos de la familia están desperdigadas por el suelo.

- Si no le han robado y no tiene marcas de violencia, porque demonios lo han matado – dijo otro de ellos entre lágrimas.

- No podemos descartar un ajuste de cuentas, tal vez vayan por algún familiar, compañero ó amigo – concluyo el poli más gordo y más viejo de ellos.

Al llegar al borde y mirar por entre los policías y forenses, conseguí ver el cuerpo, estaba tapado por una bolsa de plástico, de un amarillo cobrizo un tanto estridente, lo primero que pude ver era una mano, parecía la de un hombre, su cuerpo era voluminoso. Algunos de los agentes parecían afectados.

- Parece que era un de ellos – dijo una mujer, sin tener mucha seguridad.

- Seguro que si, nunca viene tanta gente cuando es un cualquiera, este barrio es lo que tiene, te pueden estar robando a diario
pueden violar a tres o cuatro chicas en dos días y no pasa nada – increpó – pero cuando es uno de ellos, estos malditos hijos de puta aparecen incluso debajo de las piedras!.

- ¡Que razón tienes! – se escucho.

Cuando uno de los policías fue a aplacar los ánimos, se abrió un hueco, por donde pude ver mejor el cuerpo, lo destaparon y pude verle la cara. No lo quise creer en un primer momento, pero no tuve más remedio que rendirme a la evidencia, intente que mi cara no cambiará de expresión, no sé si lo conseguí pero, poco a poco mi corazón fue bombeando más y más deprisa, el aire me empezaba a faltar, rodeada de tanta gente, mi corazón latía más y más deprisa, me asfixiaba, parecía que mis venas eran no más gruesas que hilos, y mis pulmones no eran más que dos bolsitas pequeñas de cacahuetes, la sangre fluía más rápido, salí de alli como una exhalación, y mi sitio fue ocupado al instante, al separarme del tumulto una mujer me preguntó:

- ¿Cómo esta hija mía? – dijo cariñosamente – las primeras veces es muy desagradable, respire profundo y beba un poco.

Me ofreció un poco de agua y no pude negarla, ese agua supo a una bocanada de aire puro, después la mujer sonrió se giró y se marcho con su carrito de la compra.

- Gracias – dije, cuando ya era seguro que no me podía escuchar.

Escuche el sonido de mí móvil, era un mensaje:

De: Mamá
Stoy n casa con la awela
ven corriendo.awela dic
q va a vnir 1 amigo,s llam
Andrés.

Necesito un cigarrillo, necesito respuestas y necesito encontrar a Paco, el tendrá algún plan.

Suena el móvil, esta vez es una llamada, número desconocido.

- Sí ¿? – suena una voz a duras penas, al instante una voz familiar me dice:

- Voy camino de casa de tu madre.

- ¿Porqué?, ¿qué pintas alli?, deja en paz a Jorge y a mi madre, por favor – implore al ex-marido de mi hermana.

- Eres igual que tu hermana, no escuchas nada de lo que digo, estaré alli en 10 minutos, sería conveniente que estuvieses alli, tal vez podamos aclarar un poco este lio.

- ¡Maldito cabrón!, tú eres el que lo ha montado todo, tú eres el que ha hecho que no podamos vivir tranquilos. No tienes ni idea, el pobre Andrés – dijé entre lágrimas.

- Andrés, era un buen amigo, era un gran socio, pero esta vez no estuvo en el lado adecuado. 8 minutos y estoy en casa de tu madre. Espero verte alli Lucía.

Mis lágrimas en la cara iluminadas por la tenue luz del movil, se fueron fundiendo con la oscuridad de la calle, en ese momento supé que la única manera de conocer levemente en lo que estabamos metidos, era hablando directamente con el causante del problema, era ir a la cita que me había propuesto mi ex-cuñado, por mucho que Andrés me dijesé que no fuese nunca a su encuentro, no me queda más remedio, si quiero saber la verdad.

De nuevo me comenzaba a faltar el aire, de nuevo invadía mi cuerpo, esa sensación de asfixia.
misifu.

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Rabia
Publicado 21 Octubre, 2007

Reviso de nuevo el mensaje sin poder creer lo que leo. “Él está en casa de mi madre y yo estoy llegando. Mi familia corre peligro, debo ir. Ven… por favor”. Vuelvo a marcar el teléfono de Lucía con el mismo resultado. Apagado.
Niñata estúpida. Va a echarlo todo a perder ahora.

Ni el rugido de sufrimiento del motor ni la sirena que acababo de colocar son capaces de interferir en las vueltas que da mi cabeza. Andrés muerto. Justo ahora. Hoy. Fue la primera persona a la que Raquel pidió ayuda y su primer contacto con la policía. Y un jodido profesional. Me pidió que siguiese yo el caso porque él conocía desde siempre a Julián, el ex marido de Raquel, y se quitó de enmedio. Que haya muerto ahora no puede ser una casualidad, alguien debe haber filtrado información justo cuando Lucía me ha ayudado a aclarar algunos nombres de personas que aparecen en las fotos. Si se han atrevido incluso a matarle a él, también irán a por mi. Y Lucía ha caído en la trampa. Estúpida. Por qué no será la mitad de sensata de lo que lo fue su hermana.

Sin poder contener mi rabia marco de nuevo. Apagado. Acelero mientras el aullido de la sirena llena una calle tras otra y la guardo un par de manzanas antes de llegar. Al ver el golf negro de Lucía aparcado en la puerta, echo a correr hacia el portal abierto. Segunda planta. Puerta C. Sacó el arma y llamó al timbre. Uno. Dos. Tres. Pasos. Cuatro. Cinco. La cabeza de Jorge asoma detrás de la puerta.

- ¡Hola Paco!

Con un rápido movimiento el arma había desaparecido de la vista del niño. Una voz llegó desde el pasillo.

- Jorge, quien es? -

- Tata, ¡es Paco!

- Jorge, – El miedo a la respuesta trabó mi propia lengua en la pregunta. – ¿Está Lucía dentro? ¿Hay alguien mas en casa? -

- No, solo estamos la abuela y yo. La tita Lucía tiene que estar al llegar.

gatopardo.-

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Viernes
Publicado 4 Diciembre, 2007

El coche del policía esta en la puerta, no se ha molestado en aparcarlo, se ve que algo le preocupaba, un hombre como él, no levantaría sospechas a no ser que fuese totalmente inevitable, así que supongo que Julián por una vez en su vida, ha hecho algo en condiciones, traer al “madero” hasta aquí ha sido todo un acierto, los tendremos a todos en el mismo sitio muy pronto, que lastima de tipo, empezó siendo un chico muy prometedor en este mundillo, aunque nunca supo separar la diversión del trabajo, no se puede llevar a una mujer a ciertos sitios y menos sacar fotografías a ciertas personas, cuando nos comentaron este hecho nos sentimos realmente defraudados con él, sabíamos que era un poco despistado, pero no pensamos nunca que fuera un inconsciente, con la gente de la que hablamos no se puede tener el más mínimo descuido, una reunión amistosa se puede mal interpretar en segundos y donde nosotros vemos a un grupo de amigos, cualquier agente de la ley mal intencionado ve una cúpula mafiosa ó una cumbre de narcotraficantes, la verdad que una prueba tan evidente solo se puede conseguir por dos vías; bien eres un infiltrado, el cual sabe que esta jugándose la vida y que a la primera ocasión que duden de él, lo quitan de en medio ó bien eres un tío como Julián, que tampoco dista mucho del infiltrado pues el final puede ser el mismo.

El sonido del móvil es lo único que hace que la vigilancia sobre el piso de la segunda planta sea perturbada, tan solo un instante, una voz ronca pero firme se oye al otro lado.

- ¿Ha llegado ya?

- Si, señor. Aunque aún faltan dos para cerrar el círculo, la abuela, el niño y el policía, tan solo faltan la chica y él.

- Bien. ¿Sabéis lo que tenéis que hacer?

- Si señor.

- ¿Espero que no tengáis ningún problema por ser él?

- No señor.

- No quiero que levantéis sospechas, intentad que quedé todo entre ellos, hemos dado ordenes para que parezca algo personal, ya sabéis, tío se vuelve loco por la custodia del niño, la abuela y la tía del crío se niegan, llaman al poli, el padre se vuelve loco, los mata a todos y se pega un tiro. ¿Entendido?

- Si señor.

- Bueno en cuanto a las pruebas, si no han salido ya no creo que salgan, no obstante…

- Disculpe señor, se aproxima un coche, era un toyota ¿cierto?

- Si. Chicos os dejo, tenéis trabajo, espero que todo haya quedado claro. Esa mosca no debe volver a volar, ¿entendido?

- Si señor, muy claro.

Nunca entendí como se le pudo ir al jefe el “proyecto” de las manos, siendo un hombre de negocios, como lo es, con ese estilo a la hora de vestir, solo de Armani, esa corpulencia, ganada a fuerza de lujosas comidas y sobretodo esa seguridad en cada uno de sus movimientos. Nos sorprendió que le diera de plazo hasta el viernes, hoy cumple el plazo y tanto si tiene lo que “el gran hombre” quiere, como si no, ya no es hora de negociar, ya no trata con hombres de negocios, ahora trata con los que recogen la basura.

misifu

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Desenlace
Publicado 20 Enero, 2008

Dos destellos inundan la habitación de luz, el sonido que esa luz despide se expande por cada hueco de la misma, haciendo que el estruendo se sienta en todo el edificio, nunca pensé que pudiera ver esto, nunca pensé que esto acabaría asi, pero tengo que reconocer que me ha venido muy grande, por eso ahora me veo asi.

El arma cae al suelo, pero no es lo único que se encuentra en él, el pelo castaño de Lucía cubria parte del suelo como si de una alfombra de color castaño se tratase, no sabía si estaba muerta ó no, la verdad nunca debí haber llegado hasta este punto, Lucía a fin de cuentas no es más que el cebo para ese maldito policia, me hizo cargarme a un amigo, aun buen amigo, por su culpa he estado metido en todo esto demasiado tiempo y esta misma noche me he dado cuenta que el muy cabrón no tiene idea de nada, tiene las fotos, pero no tiene ni puta idea, no sé si sólo será cuestión de tiempo, pero el muy gilipollas no tiene nada de nada.

Cuando llegué y subí las escaleras ya podia escuchar la voz de Lucía, dando prisa a su madre, al entrar por la puerta no vi a nadie, la salita de la casa me era poco familiar habia estado muy pocas veces en esa casa, Raquel nunca entendió que ese ya no era su lugar, pero siempre lo tuve muy claro, ella no pertenecía ya a ese mundo, a salas con mantillas, a sofas con mantas por encima, a mesas con fotos y recuerdos, ese no era ya nuestro mundo, pero ella nunca lo entendió, siempre quería saber cómo estaban su madre y su hermana.

Me perdía entre los recuerdos cuando vi a Lucía de espaldas, sigilosamente me acerque a ella y la rodeé con mi brazo, y con un susurro casi imperceptible le dije:

- Como grites, te arrepentirás.

- Mmmmggghhh – es lo único que pudo decir, lo entendí como un si.

- Llama al niño.

- No, por favor Julian el niño no sabe nada.

- Llama a mi hijo Lucía o te juro que salimos de aqui todos con los pies por delante – le dije mientras le pasaba la pistola de la espalda a la sien.

No fue necesario que lo llamase. Aparecio en brazos del policia, mejor dicho en uno de ellos, en el otro llevaba su pistola, debió de escucharme o verme sin que me diese cuenta. Sin mediar palabra, dejó al niño en el suelo, me miró como si estuviese mirando a un psicopata y disparó. No me dio a mi, disparó a Lucía, su cuerpo se desplomó y antes de que le maldito poli pudiese volver a disparar lo hice yo, Jorge se pusó a gritar en el primer disparo, gritaba como si la vida se fuera por su voz, gritaba y empezaba a llorar, me acerque al cuepo del pasma, me tenia que ir corriendo, él tenia las fotos, pero dónde estaban, me pasó lo mismo con Andrés pero no las pude encontrar, porque no las tenía, pero con este no podía ser así, perdí de vista a Jorge, seguro que se iría con la abuela. Dejé el arma encima de la mesita del salón, para poder buscar mejor en la chaqueta del poli. Al fin, cuando parecía que no las llevaba encima, fui a coger el arma, pero no estaba, donde cojones he puesto….

- Papá – dijo el niño entre lágrimas.

Jorge estaba con la pistola, la sujetaba con las dos manos, bailaba entre ellas, parecía que no podía con ella.

- Jorge, deja eso hijo mio.

- ¿Por qué has hecho daño a la tita y a Paco?

- Jorge, yo no, Jorge deja eso ó me voy a enfadar.

- ¡Me da igual! – Jorge cerró los ojos y meneo la pistola como si de un juguete se tratase.

Fue entonces cuando esos dos destellos inundaron la habitación, fue entonces cuando empecé a notar como cada grito de mi hijo en lugar de aumentar en mis oídos, disminuía, fue entonces cuando empecé a notar el frio, noté como el calor de mi cuerpo se escapaba por cada poro de mi piel, al caer de rodillas contra el suelo, noté que estaban empapadas en mi propia sangre, mi hijo no paraba de gritar, pero sus lágrimas y sus lamentos, se desvanecian, como lo hacía su imagen y la de su abuela, junto a él ya pero más alejada, fue entonces cuando en el reflejo de un espejo tras la anciana ví una figura extraña, una forma que recordaba un gran oso blanco, junto a dos formas más ligeras y oscuras, me parecio escuchar unas risas, y muy lejanamente un “no, no lo hagaís”, y una respuesta que no pude terminar de comprender en uno de mis ultimos alientos, “señora, lo ha hecho él todo”.

misifu.

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Cuatro Gatos es una iniciativa de un puñado de gente con una cosa en común: nos gusta escribir. Puede que no tengamos nada mas en común, y en eso radica el sabor de cuatrogatos, en moldear y dar forma a toda clase de temas desde puntos de vista muy diferentes.

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La única norma de Cuatro Gatos es que una vez propuesto un tema o estilo, cada relato debe ir relacionado de algún modo con el escrito anteriormente. Los relatos que vayamos escribiendo se irán catalogando dentro de la historia a la que pertenezcan, justo debajo de este texto. Ya estamos en la segunda: ¡Mascarada!

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