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¡Que no eran cuatro, que eran cinco!

Pues sí. A partir de ahora cuatrogatos somos cinco. Tenemos una nueva incorporación, Calíope, una minina que además es primeriza (y un poco cursi, como se puede apreciar en la imagen).

caliope

Así que ya os aviso, no os vayáis muy lejos porque dentro de poco recomenzamos nuestra su andadura, con nuevas historias y muchas ganas.

Desenlace

Dos destellos inundan la habitación de luz, el sonido que esa luz despide se expande por cada hueco de la misma, haciendo que el estruendo se sienta en todo el edificio, nunca pensé que pudiera ver esto, nunca pensé que esto acabaría asi, pero tengo que reconocer que me ha venido muy grande, por eso ahora me veo asi.

El arma cae al suelo, pero no es lo único que se encuentra en él, el pelo castaño de Lucía cubria parte del suelo como si de una alfombra de color castaño se tratase, no sabía si estaba muerta ó no, la verdad nunca debí haber llegado hasta este punto, Lucía a fin de cuentas no es más que el cebo para ese maldito policia, me hizo cargarme a un amigo, aun buen amigo, por su culpa he estado metido en todo esto demasiado tiempo y esta misma noche me he dado cuenta que el muy cabrón no tiene idea de nada, tiene las fotos, pero no tiene ni puta idea, no sé si sólo será cuestión de tiempo, pero el muy gilipollas no tiene nada de nada.

Cuando llegué y subí las escaleras ya podia escuchar la voz de Lucía, dando prisa a su madre, al entrar por la puerta no vi a nadie, la salita de la casa me era poco familiar habia estado muy pocas veces en esa casa, Raquel nunca entendió que ese ya no era su lugar, pero siempre lo tuve muy claro, ella no pertenecía ya a ese mundo, a salas con mantillas, a sofas con mantas por encima, a mesas con fotos y recuerdos, ese no era ya nuestro mundo, pero ella nunca lo entendió, siempre quería saber cómo estaban su madre y su hermana.

Me perdía entre los recuerdos cuando vi a Lucía de espaldas, sigilosamente me acerque a ella y la rodeé con mi brazo, y con un susurro casi imperceptible le dije:

- Como grites, te arrepentirás.

- Mmmmggghhh – es lo único que pudo decir, lo entendí como un si.

- Llama al niño.

- No, por favor Julian el niño no sabe nada.

- Llama a mi hijo Lucía o te juro que salimos de aqui todos con los pies por delante – le dije mientras le pasaba la pistola de la espalda a la sien.

No fue necesario que lo llamase. Aparecio en brazos del policia, mejor dicho en uno de ellos, en el otro llevaba su pistola, debió de escucharme o verme sin que me diese cuenta. Sin mediar palabra, dejó al niño en el suelo, me miró como si estuviese mirando a un psicopata y disparó. No me dio a mi, disparó a Lucía, su cuerpo se desplomó y antes de que le maldito poli pudiese volver a disparar lo hice yo, Jorge se pusó a gritar en el primer disparo, gritaba como si la vida se fuera por su voz, gritaba y empezaba a llorar, me acerque al cuepo del pasma, me tenia que ir corriendo, él tenia las fotos, pero dónde estaban, me pasó lo mismo con Andrés pero no las pude encontrar, porque no las tenía, pero con este no podía ser así, perdí de vista a Jorge, seguro que se iría con la abuela. Dejé el arma encima de la mesita del salón, para poder buscar mejor en la chaqueta del poli. Al fin, cuando parecía que no las llevaba encima, fui a coger el arma, pero no estaba, donde cojones he puesto….

- Papá – dijo el niño entre lágrimas.

Jorge estaba con la pistola, la sujetaba con las dos manos, bailaba entre ellas, parecía que no podía con ella.

- Jorge, deja eso hijo mio.

- ¿Por qué has hecho daño a la tita y a Paco?

- Jorge, yo no, Jorge deja eso ó me voy a enfadar.

- ¡Me da igual! – Jorge cerró los ojos y meneo la pistola como si de un juguete se tratase.

Fue entonces cuando esos dos destellos inundaron la habitación, fue entonces cuando empecé a notar como cada grito de mi hijo en lugar de aumentar en mis oídos, disminuía, fue entonces cuando empecé a notar el frio, noté como el calor de mi cuerpo se escapaba por cada poro de mi piel, al caer de rodillas contra el suelo, noté que estaban empapadas en mi propia sangre, mi hijo no paraba de gritar, pero sus lágrimas y sus lamentos, se desvanecian, como lo hacía su imagen y la de su abuela, junto a él ya pero más alejada, fue entonces cuando en el reflejo de un espejo tras la anciana ví una figura extraña, una forma que recordaba un gran oso blanco, junto a dos formas más ligeras y oscuras, me parecio escuchar unas risas, y muy lejanamente un “no, no lo hagaís”, y una respuesta que no pude terminar de comprender en uno de mis ultimos alientos, “señora, lo ha hecho él todo”.

misifu_80.gifmisifu.

Viernes

El coche del policía esta en la puerta, no se ha molestado en aparcarlo, se ve que algo le preocupaba, un hombre como él, no levantaría sospechas a no ser que fuese totalmente inevitable, así que supongo que Julián por una vez en su vida, ha hecho algo en condiciones, traer al “madero” hasta aquí ha sido todo un acierto, los tendremos a todos en el mismo sitio muy pronto, que lastima de tipo, empezó siendo un chico muy prometedor en este mundillo, aunque nunca supo separar la diversión del trabajo, no se puede llevar a una mujer a ciertos sitios y menos sacar fotografías a ciertas personas, cuando nos comentaron este hecho nos sentimos realmente defraudados con él, sabíamos que era un poco despistado, pero no pensamos nunca que fuera un inconsciente, con la gente de la que hablamos no se puede tener el más mínimo descuido, una reunión amistosa se puede mal interpretar en segundos y donde nosotros vemos a un grupo de amigos, cualquier agente de la ley mal intencionado ve una cúpula mafiosa ó una cumbre de narcotraficantes, la verdad que una prueba tan evidente solo se puede conseguir por dos vías; bien eres un infiltrado, el cual sabe que esta jugándose la vida y que a la primera ocasión que duden de él, lo quitan de en medio ó bien eres un tío como Julián, que tampoco dista mucho del infiltrado pues el final puede ser el mismo.

El sonido del móvil es lo único que hace que la vigilancia sobre el piso de la segunda planta sea perturbada, tan solo un instante, una voz ronca pero firme se oye al otro lado.

- ¿Ha llegado ya?

- Si, señor. Aunque aún faltan dos para cerrar el círculo, la abuela, el niño y el policía, tan solo faltan la chica y él.

- Bien. ¿Sabéis lo que tenéis que hacer?

- Si señor.

- ¿Espero que no tengáis ningún problema por ser él?

- No señor.

- No quiero que levantéis sospechas, intentad que quedé todo entre ellos, hemos dado ordenes para que parezca algo personal, ya sabéis, tío se vuelve loco por la custodia del niño, la abuela y la tía del crío se niegan, llaman al poli, el padre se vuelve loco, los mata a todos y se pega un tiro. ¿Entendido?

- Si señor.

- Bueno en cuanto a las pruebas, si no han salido ya no creo que salgan, no obstante…

- Disculpe señor, se aproxima un coche, era un toyota ¿cierto?

- Si. Chicos os dejo, tenéis trabajo, espero que todo haya quedado claro. Esa mosca no debe volver a volar, ¿entendido?

- Si señor, muy claro.

Nunca entendí como se le pudo ir al jefe el “proyecto” de las manos, siendo un hombre de negocios, como lo es, con ese estilo a la hora de vestir, solo de Armani, esa corpulencia, ganada a fuerza de lujosas comidas y sobretodo esa seguridad en cada uno de sus movimientos. Nos sorprendió que le diera de plazo hasta el viernes, hoy cumple el plazo y tanto si tiene lo que “el gran hombre” quiere, como si no, ya no es hora de negociar, ya no trata con hombres de negocios, ahora trata con los que recogen la basura.

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Rabia

Reviso de nuevo el mensaje sin poder creer lo que leo. “Él está en casa de mi madre y yo estoy llegando. Mi familia corre peligro, debo ir. Ven… por favor”. Vuelvo a marcar el teléfono de Lucía con el mismo resultado. Apagado.
Niñata estúpida. Va a echarlo todo a perder ahora.

Ni el rugido de sufrimiento del motor ni la sirena que acababo de colocar son capaces de interferir en las vueltas que da mi cabeza. Andrés muerto. Justo ahora. Hoy. Fue la primera persona a la que Raquel pidió ayuda y su primer contacto con la policía. Y un jodido profesional. Me pidió que siguiese yo el caso porque él conocía desde siempre a Julián, el ex marido de Raquel, y se quitó de enmedio. Que haya muerto ahora no puede ser una casualidad, alguien debe haber filtrado información justo cuando Lucía me ha ayudado a aclarar algunos nombres de personas que aparecen en las fotos. Si se han atrevido incluso a matarle a él, también irán a por mi. Y Lucía ha caído en la trampa. Estúpida. Por qué no será la mitad de sensata de lo que lo fue su hermana.

Sin poder contener mi rabia marco de nuevo. Apagado. Acelero mientras el aullido de la sirena llena una calle tras otra y la guardo un par de manzanas antes de llegar. Al ver el golf negro de Lucía aparcado en la puerta, echo a correr hacia el portal abierto. Segunda planta. Puerta C. Sacó el arma y llamó al timbre. Uno. Dos. Tres. Pasos. Cuatro. Cinco. La cabeza de Jorge asoma detrás de la puerta.

- ¡Hola Paco!

Con un rápido movimiento el arma había desaparecido de la vista del niño. Una voz llegó desde el pasillo.

- Jorge, quien es? -

- Tata, ¡es Paco!

- Jorge, – El miedo a la respuesta trabó mi propia lengua en la pregunta. – ¿Está Lucía dentro? ¿Hay alguien mas en casa? -

- No, solo estamos la abuela y yo. La tita Lucía tiene que estar al llegar.

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asfixia

Al ver el revuelo que se había montado me mantuve alejada, en ningún momento me dio por pensar que lo mejor que pude haber hecho era salir de allí, mi espíritu cotilla me hizo quedarme más tiempo del que debía, como si fuese un imán pegado a la nevera, los agentes insistían en que circuláramos, pero ante tal despliegue mediático no queríamos o no podíamos irnos, si bien algunos queríamos ver nuestra necesidad de curiosidad saciada, otros simplemente no podían avanzar por estar envueltos en una maraña de personas y coches, en una calle estrecha, una ambulancia y una nube de periodistas parecen el mejor de los tapones.

Poco a poco conseguí acercarme, bien por mi aspecto, bien por mi habilidad me deslicé entre periodistas y curiosos, llegando al borde del cordón policial, esa banda amarilla digna de cualquier película de asesinatos, era menos escandalosa, una simple línea blanca más parecida a la cinta de embalar que a una banda de seguridad y las palabras que se podían leer en la de las películas, ese típico departamento de policía de la ciudad de tal, se habían convertido en un simple no pasar, como si un trozo de plástico tuviese la capacidad de parar al más simple de los seres vivos.

Escuche a uno de los policías decir:

- La cartera estaba allí, todo el dinero estaba en la billetera, sin embargo las fotos de la familia están desperdigadas por el suelo.

- Si no le han robado y no tiene marcas de violencia, porque demonios lo han matado – dijo otro de ellos entre lágrimas.

- No podemos descartar un ajuste de cuentas, tal vez vayan por algún familiar, compañero ó amigo – concluyo el poli más gordo y más viejo de ellos.

Al llegar al borde y mirar por entre los policías y forenses, conseguí ver el cuerpo, estaba tapado por una bolsa de plástico, de un amarillo cobrizo un tanto estridente, lo primero que pude ver era una mano, parecía la de un hombre, su cuerpo era voluminoso. Algunos de los agentes parecían afectados.

- Parece que era un de ellos – dijo una mujer, sin tener mucha seguridad.

- Seguro que si, nunca viene tanta gente cuando es un cualquiera, este barrio es lo que tiene, te pueden estar robando a diario
pueden violar a tres o cuatro chicas en dos días y no pasa nada – increpó – pero cuando es uno de ellos, estos malditos hijos de puta aparecen incluso debajo de las piedras!.

- ¡Que razón tienes! – se escucho.

Cuando uno de los policías fue a aplacar los ánimos, se abrió un hueco, por donde pude ver mejor el cuerpo, lo destaparon y pude verle la cara. No lo quise creer en un primer momento, pero no tuve más remedio que rendirme a la evidencia, intente que mi cara no cambiará de expresión, no sé si lo conseguí pero, poco a poco mi corazón fue bombeando más y más deprisa, el aire me empezaba a faltar, rodeada de tanta gente, mi corazón latía más y más deprisa, me asfixiaba, parecía que mis venas eran no más gruesas que hilos, y mis pulmones no eran más que dos bolsitas pequeñas de cacahuetes, la sangre fluía más rápido, salí de alli como una exhalación, y mi sitio fue ocupado al instante, al separarme del tumulto una mujer me preguntó:

- ¿Cómo esta hija mía? – dijo cariñosamente – las primeras veces es muy desagradable, respire profundo y beba un poco.

Me ofreció un poco de agua y no pude negarla, ese agua supo a una bocanada de aire puro, después la mujer sonrió se giró y se marcho con su carrito de la compra.

- Gracias – dije, cuando ya era seguro que no me podía escuchar.

Escuche el sonido de mí móvil, era un mensaje:

De: Mamá
Stoy n casa con la awela
ven corriendo.awela dic
q va a vnir 1 amigo,s llam
Andrés.

Necesito un cigarrillo, necesito respuestas y necesito encontrar a Paco, el tendrá algún plan.

Suena el móvil, esta vez es una llamada, número desconocido.

- Sí ¿? – suena una voz a duras penas, al instante una voz familiar me dice:

- Voy camino de casa de tu madre.

- ¿Porqué?, ¿qué pintas alli?, deja en paz a Jorge y a mi madre, por favor – implore al ex-marido de mi hermana.

- Eres igual que tu hermana, no escuchas nada de lo que digo, estaré alli en 10 minutos, sería conveniente que estuvieses alli, tal vez podamos aclarar un poco este lio.

- ¡Maldito cabrón!, tú eres el que lo ha montado todo, tú eres el que ha hecho que no podamos vivir tranquilos. No tienes ni idea, el pobre Andrés – dijé entre lágrimas.

- Andrés, era un buen amigo, era un gran socio, pero esta vez no estuvo en el lado adecuado. 8 minutos y estoy en casa de tu madre. Espero verte alli Lucía.

Mis lágrimas en la cara iluminadas por la tenue luz del movil, se fueron fundiendo con la oscuridad de la calle, en ese momento supé que la única manera de conocer levemente en lo que estabamos metidos, era hablando directamente con el causante del problema, era ir a la cita que me había propuesto mi ex-cuñado, por mucho que Andrés me dijesé que no fuese nunca a su encuentro, no me queda más remedio, si quiero saber la verdad.

De nuevo me comenzaba a faltar el aire, de nuevo invadía mi cuerpo, esa sensación de asfixia.

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miradas

Joder, Andrés.… Has creído a mi mujer…                                                       

Ojos negros que acusan. 

Eres un cabrón, ¿lo sabes?                                 

Ojos negros que preguntan.  

¿Hace cuánto tiempo que nos conocemos…? Y ahora me obligas a hacer esto… 

Ojos negros que imploran. 

¡Qué cabrón…! Y yo que te pensaba de mi lado… Esa zorra… 

Ojos ya nunca más negros. 

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Café

Son las 11, y aunque tengo la mesa llena de asuntos menores que con un par de llamadas y una firma estarían solucionados, prefiero tomarme un café y fumarme un cigarro y alargar esos asuntos hasta la hora de comer.En el cine te muestran esta profesión como arriesgada, peligrosa,… sólo apta para gente fuerte y emprendedora. Mentira. Todo mentira. Desde la caja de donuts hasta la compañera de patrulla sexy con la que al final de la temporada acabas teniendo un lío. Mi compañero se llama Alfonso y lleva bigote. Así que de líos al final de la temporada, ninguno. 

A diario tratamos con gente alterada, ya sea porque le han robado el monedero en el mercado, como que ha perdido a su hijo en el metro. Por eso el encontrar familiar la cara de la mujer que acaba de entrar, no me llama la atención, únicamente lo hace su físico, delicado y fuerte a la vez. Con la mirada firme y el gesto seguro.  

Saco el cigarro de su caja de cartón, y me muevo hasta fuera de la comisaría. Doy un par de pasos, y me meto dentro de la cafetería más cercana y probablemente más segura de este barrio. Me siento en la barra, y el camarero nuevo, me pregunta por primera vez que voy a beber. A mi lado, una mujer vestida con un color oscuro, toma tranquilamente un café que aun humea. Con una voz suave me pide fuego. 

-          Gracias, Andrés. 

Al oír mi nombre, giro instintivamente la cabeza otra vez hacia ella. La miro sin disimulo y forzando el entrecejo, un gesto que muestra el esfuerzo que esta realizando mi memoria para recodar, así en un momento, el nombre de ella. 

-          ¿Cuanto hace que no te veo?

-          El suficiente tiempo como para no recordar tu nombre.

-          Con la de veces que lo has repetido 

Eso me abrió la memoria hacia otros recuerdos que no había revisado. 

-          Pero tú juegas con ventaja, no te pareces en nada a la última vez.

-          Tú tampoco, antes tenías menos aspecto de policía.

-          Las experiencias te cambian, y por lo que veo a ti no te ha ido nada mal. 

Su sonrisa picarona, hizo que mi bigote también se arqueara, y no sería sincero si no dijera que algo más en mi, también se alegro mucho de verla. 

-          Me debes una.

-          Lo recuerdo, así que a este café invito yo.

-          Me debes más que eso.

-          Ya no hago ese tipo de favores.

-          A mi si. Prometiste devolvérmelo, y sólo puedo confiar en ti para que esto salga bien.

-          Tienes hasta que me acabe el café. Que eso pasará dentro de 5 minutos.

-          Quiero que protejas a quien más quiero.

-          ¿Cómo se llamaba?…. ¿Alberto?

-          Jorge. Mi hijo.   

chihiro_80.gif  Chihiro

Proyecto

- Tampoco estaban en su piso.

Tras escucharme decir esas palabras, él pareció asentir para sí mismo. O tal vez no, ya me encontraba demasiado nervioso como para fijarme bien. Se levantó muy lentamente sin dejar de mirarme a los ojos, haciéndome pensar en un enorme oso blanco enfundado en un traje de Armani. Éste dejó su vaso de whisky cerca del que un momento antes me había servido a mí y apoyó ambos puños encima del escritorio de roble.

- Cada dia que pasa estamos mas decepcionados contigo.

Una corriente de hielo corrió por mis venas mientras él continuaba hablando.

- Te preparamos la coartada para el “incidente” con tu mujer, te apoyamos, invertimos en tí… Pero tu te empeñas en seguir hundiéndote, y ahora no eres capaz de encontrar unas simples fotos. – Hizo una pausa para beber del vaso que había dejado en el escritorio y se quedó mirando un momento el tintineo de los hielos antes de continuar.

- Sabes que el mas perjudicado por esas fotos eres tú mismo, pero hay socios que aun así están muy descontentos… Alguien podría relacionar. Relacionar ese viaje tuyo y personas con las que sales, con negocios que nunca existieron en ningún contrato. Si eso te perjudica a tí, este proyecto podría resentirse. Entiendes, ¿verdad?.

- Por supuesto. – Claro que lo entendía. Lo entendí desde el momento en que por casualidad y donde menos lo esperaba, ví una foto de ese viaje al que llevé a Raquel. Pensé que las borró todas como le dije en su momento. Luego, una vez vista una foto todo fue relacionar. Puta estúpida.

La rabia me subió hasta la boca disparando la lengua. – Olvidas lo que también he hecho yo por todo esto. Soy tan parte del negocio como el resto, no podeis… – Un odioso sonido de chasquear la lengua varias veces me hizo despertar de lo que estaba diciendo.

- Es cierto que has hecho cosas por este “proyecto”. Pero olvidas una cosa muy importante. Dependes de nosotros. Del dinero. Por tu cuenta sólo eres una mosca que trabaja bien… y de esas hay cientos. Tú decides. O encuentras las fotos antes del viernes, o estás solo. Y entonces tu menor preocupación serán las fotos, te lo aseguro.

Vacié mi vaso de un trago y me levanté lo mas estóicamente que pude. No mostraría mi preocupación delante de él. Saldría tranquilamente como si nada de lo que me ha dicho me hubiese afectado y seguiría pensando en dónde estarían las fotos. Ya estaba casi en la puerta.

- Por cierto.

No quise girarme. Por un momento pensé que me diría con una pistola en la mano que se había arrepentido de darme esa última oportunidad.

- Tu mujer llevaba varios meses viéndose con un policía.

pardo_80.gif     Gatopardo.-

Lucía

Llovía. Era una lluvia gris. Todo le parecía gris, en realidad. Las nubes, cuyos pesados vientres se deshilachaban al rozar las ramas de los cipreses. Los cipreses, de troncos como viejos cirios hundidos en la tierra. La tierra, un campo de lápidas sobre cenizas húmedas. Las lápidas y los rostros solemnes de los ángeles de piedra. Y el abrigo de Lucía, el abrigo de Lucía también era gris. Estaba junto a su madre y su sobrino. El niño inmóvil, la mujer temblorosa. Alrededor, figuras grises con la cabeza inclinada, envueltas por las palabras graves del sacerdote que él apenas intuía y el repiqueteo de la lluvia gris. Supo que era Lucía porque tenía la misma figura frágil que Raquel, y el mismo moño de pelo castaño bien recogido sobre la nuca.

El pelo de Raquel, en cambio, era, había sido negro, con alguna cana que ella no se molestaba en ocultar. Desde que la conocía, nunca había visto a Raquel maquillada, tampoco llevar pendientes. Si acaso, un anillo de compromiso adornado con un pequeño diamante en la mano derecha que había desaparecido del dedo no hacía mucho, y el pelo siempre, siempre, bien recogido sobre la nuca. No había, no hubo artificialidad en ella, tampoco imaginación. A simple vista era una mujer de aspecto áspero y fatigado, pero eso era sólo porque poca gente se molestaba en acercarse más. Él no se había acercado, prácticamente había chocado con ella, y en seguida adivinó que en su rostro apagado había algo más que sombras. Aprendió a hacerla reír, y le gustaba su risa, tímida y desconfiada al principio, inesperadamente joven cuando ya habían caído las últimas barreras que le impedían reír las bromas de alguien de quien apenas conocía el nombre. Francisco Fernández: un nombre idiota, un nombre falso, aunque eso ella nunca lo supo. Paco, le llamaba, y en sus labios sonaba como si desde siempre ese hubiera sido su nombre, como si no hubiera otro. ¡Paco!, había gritado ella, y esa vez sonó distinto a través de un teléfono que no ocultaba la distancia que los separaba.

La última noche la habían pasado juntos, en un hotel, como siempre. Habían hecho el amor, él sabiendo que eso era todo lo que nunca obtendría de ella, lo único que ella podía ofrecerle. Y como cada vez que se acostaban, al acabar, ella se apartó de él, casi bruscamente, se tumbó sobre el costado, y, tras algunos minutos de respiraciones entrecortadas, comenzó a hablar de su ex marido. Él escuchaba porque era todo lo que ella pedía de él. Así era el pacto que se había establecido entre ellos. Esa noche fue cuando le dijo lo de las fotografías. “Ahí está todo lo que necesito para que encierren a mi ex”, había dicho eufórica.

Luego, llegó el día y él se fue. No le había dicho por qué, trabajo, me llevará unos días, te llamaré cuando pueda, te daré mi dirección y me envías las fotos… No podía decirle por qué, igual que no podía decirle su verdadero nombre. Había tantas cosas que no pudo decirle… Ahora las fotos estaban en el bolsillo de su chaqueta, y Raquel dentro de un ataúd que él no podía ver porque lo ocultaban las figuras grises y húmedas de los asistentes al funeral.

Lucía, de espaldas y bajo aquella lluvia, era Raquel pero con el pelo castaño. Sostenía firmemente un paraguas y estaba completamente inmóvil: no había el ligero temblor de quien llora, tampoco el leve movimiento de cabeza de quien niega una muerte trágica, ni siquiera el ascender y descender del pañuelo, del bolsillo a la mejilla y de la mejilla al bolsillo. Estaba quieta, sólida, como si fuera la clave de un arco hecho de personas tristes que caerían si ella se derrumbaba.

El monótono susurro del sacerdote dio pasó al roce siniestro de las cuerdas que se deslizaban lentamente al interior de la tumba hasta que finalmente el féretro quedó en el fondo y comenzó el zas zas metálico de las palas. Minutos después, llegaron los pésames, las lágrimas y poco a poco los asistentes se fueron dispersando. Él aguardó a que Lucía quedara sola, apartada de su madre y su sobrino. Con paso calculadamente pausado se acerco a ella. 

-         ¿Lucía? Usted no me conoce, pero yo conocí a su hermana.- Se llevó la mano al bolsillo y sacó el sobre con las fotografías.- Necesito mostrarle algo, es muy importante. 

Él esperó alguna reacción, pero no la hubo, ni la más leve. Se dio cuenta de que en realidad esperaba que actuara como hubiera actuado una Raquel de pelo castaño: con nervios, con impaciencia. Pero Lucía se limitó a afirmar con la cabeza. 

- Necesito un café. – dijo. Y entonces él se convenció de que Lucía y Raquel sólo se parecían en el moño perfectamente recogido sobre la nuca.

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Histeria

No sé qué tienen de importancia estas fotos, no sé por qué Raquel insistió tanto en hacerlas, no tienen ninguna importancia, al menos no se la veo, son fotos normales, sale gente normal, esta Jorge, su madre, en algunas sale su ex, en otras no se ve nada de nada, se nota que nunca ha ido a clases de fotografía, otras son de paisajes, otras de nubes, la verdad es que el carrete le dura bastante tiempo, al menos un año y medio, en esta Jorge aún no tiene esa cicatriz, pero no dejan de ser normales, fotos sin historia sin transcendencia, porqué serán tan importantes, qué tendrán.

Raquel siempre está un poco histérica, aún recuerdo cuando la conocí, un poco más y acabamos en comisaría, no sé como a una mujer como ella le dan el carnet, esta loca conduce a una velocidad que no es normal, no conduce mal, pero va rapidísimo se mueve con una facilidad entre los coches que no es normal, a Jorge le divierte, él se lo pasa bien, el pobre, es un chico muy reservado, es un niño raro, siempre está en su mundo, excepto cuando se pone delante de su ordenador, pueden pasar horas que el chico no pierde el hilo, menos mal que el muy jodío me echó una mano con lo de los papeles, la verdad es que el pobre no ha tenido suerte, el bastardo del padre, si lo tuviese delante le metería una bala en la cabeza, espero que ese maldito crío se recupere pronto; menos mal que las cosas han cambiado, si alguien me hubiese dicho que acabaría formando parte de mi vida, seguramente le hubiese mandado a tomar por culo, tal vez él vea algo en las fotografías, tal vez él sepa algo.

El móvil no deja de sonar, lleva un rato que llama y si aun fuese un sonido agradable, el maldito móvil tiene más años, todos los tonos son iguales, ya me puede llamar el Papa que suena siempre igual, piripiririrpiriripiiiiiiiii. No estoy para cogerlo, de nuevo vuelve a taladrarme lo oídos, si vuelve a sonar lo cogeré como tampoco sé quien me llama, tiene una tarjeta nueva, no tiene agenda, me viene mejor para el trabajo, no me conviene mezclar una vida con la otra, este móvil me da más libertad, desde él hago y deshago sin que nadie me controle.

Esta vez lo voy a coger, dejaré las fotos un rato. El primer tono me levanto, me acerco a la mesita donde esta el teléfono, segundo tono, veo el número desde el que llaman sobre la pantalla verde, me suena, me suena mucho y no suelo recordar los números, no me sé ni el mío, tercer tono, tengo la mente en blanco, quién puede ser, este número sólo lo tienen aquellos tipos de la aduana, aquel tipo de la compañía, cuarto tono, y…..

- ¿Raquel?

- Paco…

Se la escucha agitada, la respiración se entrecorta, está acelerada y le tiembla la voz, se escucha un frenazo, después otro, creo que llora, le habrá pasado algo al niño, se escucha un ruido, pero ella no dice nada, como un metal golpeando sobre cristal, como un anillo en una copa de champán, Raquel dime algo….

- Paco… Cuida del niño.

Después el silencio más absoluto, solo se rompe al escuchar mi propio alarido histérico.

- ¡ RAQUEL !!!!.

Pero Raquel no responde, solo se escucha el claxon de los coches en la distancia, suenan de manera indiscriminada, sin partitura, una orquesta improvisada que solo aumenta mi preocupación, se oye algo, es un coche arrancando bruscamente, casi puedo oler la goma de los neumáticos, al quemar rueda. Mi preocupación no hace más que ir en aumento y el silencio no es la mejor de las respuestas, de nuevo pregunto, con el miedo a obtener la misma respuesta.

- ¡ Raquel !.

Mi voz como un hilo, parece quemarse en la línea de teléfono, no obtengo respuesta y es lo único que me hace pensar que seguramente no la haya, pregunto una y otra vez, pero Raquel no responde.

misifu_80.gifmisifu.

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Cuatrogatos

Cuatro Gatos es una iniciativa de un puñado de gente con una cosa en común: nos gusta escribir. Puede que no tengamos nada mas en común, y en eso radica el sabor de cuatrogatos, en moldear y dar forma a toda clase de temas desde puntos de vista muy diferentes.

Normas

La única norma de Cuatro Gatos es que una vez propuesto un tema o estilo, cada relato debe ir relacionado de algún modo con el escrito anteriormente. Los relatos que vayamos escribiendo se irán catalogando dentro de la historia a la que pertenezcan, justo debajo de este texto. Ya estamos en la segunda: ¡Mascarada!

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