En la penumbra

Sin máscara le costó reconocerla. Nunca había visto su rostro antes, salvo la sonrisa angulosa y casi transparente parapetada tras la mariposa. Sin embargo, había algo que le resultaba familiar en los ojos pequeños, claros, esmeraldas incrustadas bajo unas cejas que se abrían hasta el infinito, crueles como hojas de guadaña; algo conocido que se ocultaba en los pliegues de su memoria y se negaba a salir. Y le dolía demasiado la cabeza como para hacer el esfuerzo de recordar. Sólo quería dormir y olvidar; despertar y que la fotografía y aquel extraño código hubieran desaparecido del bolsillo de su pantalón. Con esa esperanza alimentando sus escasas fuerzas había llegado hasta su casa y al abrir la puerta se había encontrado a aquella mujer, sentada encima de su cama, espectral en la penumbra del cuarto, y a Joel no le quedaban fuerzas ni para sorprenderse.
Se miraron durante un rato muy largo, en silencio. Ella tenía un cigarrillo entre los dedos que se consumía llenando la habitación de humo y sombras.

- Apaga ese cigarrillo. Por favor.
- ¿Cómo? -estaba claro que aquello no era lo que ella esperaba.
- Me has oído. Que apagues el puto cigarro.

Visiblemente sorprendida y muy lentamente, se levantó y aplastó la colilla en un cenicero. El barroco traje de fiesta que llevaba unas horas antes había dado paso a un vestido sencillo, negro, que dejaba sus hombros a la vista y caía hasta sus rodillas, muy ligero, apenas rozando la piel.

- Y ahora lárgate de aquí.
- ¿Cómo?
- Joder. ¿Cuántas veces hay que decir las cosas? Lárgate, fuera.
- ¿Estás seguro de que quieres que me vaya? – a pesar de la sorpresa, había seguridad en su voz.

Joel la volvió a mirar. Su rostro luchaba entre el hastío y el sueño.

- Sí. Quiero que te vayas. Ahora sólo quiero dormir. Así que fuera…
- ¿Seguro? ¿No quieres saber quién soy y qué hago aquí? ¿No quieres saber por qué ha pasado todo lo que ha pasado esta noche? ¿Por qué te drogué…?
- ¡No! ¡No quiero saberlo! ¡¿Qué es lo que no entiendes, joder?! Sólo quiero dormir. Me da igual quién seas o por qué me drogaras, me da igual lo que signifique el puto papel ni quién sacó la foto. Me da igual. Estoy harto de esta noche, de ver gente rara, de leer cosas raras. Sólo quiero meterme en mi cama y olvidarme de todo. De todo.

De repente, algo cambió en ella, en su rostro. Sus cejas ya no eran dos guadañas sino dos signos de interrogación.

- ¿Papel? ¿Qué papel?

La pregunta desconcertó a Joel.

- El papel… ¿No me lo dejaste tú?
- No, Joël, yo no te dejé ningún papel. ¿Qué ponía?

Él sacó el papel de su bolsillo, lo desdobló, encendió la luz y se lo dio. Ella lo recogió con impaciencia y leyó su contenido.

- ¡Mierda!
- ¿Qué….? -ella le interrumpió con un gesto.
- Espera, Joel, dame unos minutos.

Joel suspiró impotente y esperó sentado en la cama. La cabeza le daba vueltas y su cuerpo se dejaba llevar por el tacto mullido del colchón. Una ligera modorra invadía sus músculos y comenzó a bostezar sin poder contenerse. No quería contenerse. Pero antes tenía que librarse de aquella mujer absorta en el papel.

- Llévate el folio si quieres, pero, por favor, déjame en paz.

Ella levantó por fin los ojos y le miró muy seriamente.

- Lo siento, Joel, me parece que hoy no vas a dormir.

Gatociclopeico

Gatociclopeico

1 Respuesta a “En la penumbra”


  1. 1 Cris 8 septiembre, 2008 a las 12:21

    Puuuuues…. esto va tan lento que ya se me ha olvidado de que iba la historia… mi crítica constructiva tendrá que esperar hasta que me acuerde.

    :S


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