Joel removía pensativo el café que la camarera le había servido. Desde luego no era el mejor café que había probado, pero después de su aún inexplicable experiencia, era más de lo que podía esperar.
Sonó un tintineo agudo procedente de la puerta del bar. Joel seguía sumido en el mar de olas que generaba su diminuta cuchara. Una pareja, un hombre y una mujer jóvenes, entraron arrolladoramente en el local. Sus trajes destilaban signos de riqueza y poderío, y sin embargo se apreciaba que no eran trajes al uso. Iban encaramados el uno al otro, sirviéndose de apoyo mutuo para no caerse y reían descontroladamente.
La camarera, que estaba apoyada sobre la barra en un aire de glamour rancio de los años 50 y el pelo cardado, se fijó en la pareja, y no pudo reprimir quejarse: “algún día les echarán algo raro en las copas y no lo contarán…”.
Joel salió de su letargo y miró a la camarera de forma interrogativa.
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¿qué ha dicho?
La camarera señaló con la cabeza hacia la mesa donde se sentaron los jóvenes con aire de desaprobación. Joel siguió con la mirada la dirección que indicaba su barbilla y reparó en la pareja. Estaban claramente embriagados y podrían seguir así un buen rato. Les observó detenidamente y reparó en que había un par de máscaras sobre la mesa.
Por un momento, Joel pensó que ellos podrían darle algún tipo de explicación, pero al instante se sintió estúpido – más aún si es que eso era posible – y renunció a acercarse. Tras observarles con la curiosidad de un niño, volvió a su café. Que de tanto removerlo ya se le habían quitado las ganas de tomarlo. Soltó la cucharilla con dejadez, alargó la mano, cogió una servilleta y mientras se levantaba y se secaba las manos con ella, gesticulaba con desaprobación. Dejó un par de monedas junto a su café sin probar y se decidió a salir casi huyendo de aquel bar. Y al girarse se encontró de bruces con la joven que minutos antes había entrado en el bar. Con semblante seguro y seductor, esperaba a que él dijera algo. Con los brazos en jarras y un vestido a caballo entre vedette de lujo del Moulin Rouge y versión moderna de Catwoman, le espetó:
-
Nada es real.
Se dio la vuelta, su acompañante se levantó de su asiento y tras poner su brazo sobre los hombros de ella, salieron por donde habían entrado.
Joel no supo reaccionar.
Calíope

Vaya vaya vaya…
Qué nihilista…
El tal Joel me recuerda a un tal Joel Barish, sabes de dónde?
Y la escena a esa de Matrix de “no hay cuchara”.
En fin, muy chulo, ya era hora de que actualizáseis!